jueves, 28 de mayo de 2009

La humanidad lleva siglos forjando su propia decadencia

El club de la lucha (1996)«Tyler hablaba de ser la escoria del mundo, los esclavos de la historia, así me sentía. Quería destruir todas las cosas hermosas que nunca tendría. Incendiar las selvas tropicales del Amazonas. Provocar emisiones de cloro-fluorocarbonos que destruyan el ozono. Abre las válvulas de los contenedores de los superpetroleros y vierte directamente al océano el crudo de los pozos petrolíferos. Quería matar todos los peces que no podía permitirme comer, y empantanar las playas francesas que nunca llegaría a ver.

Deseaba que el mundo entero tocara fondo.

Mientras machacaba a aquel chico, lo que en realidad quería era meterle una bala entre ceja y ceja a todos los osos panda en peligro de extinción que no se decidían a follar para salvar su especie, y a las ballenas y delfines que se dejaban morir embarrancando en las playas.

No pienses en términos de extinción. Considéralo una reducción de plantilla.

Durante miles de años el hombre había jodido el planeta; lo había llenado de basura y mierda, y ahora la historia esperaba de mí que limpiara lo que habían dejado los demás. Es mi deber enjuagar las latas de sopa y reciclarlas. Y dar cuenta de todas y cada una de las gotas del aceite del coche.

También tengo que pagar la factura de los residuos nucleares y los tanques de gasolina enterrados y las tierras llenas de residuos tóxicos acumulados por la generación que me precedió.

Retuve el rostro de Cara de Angel en el pliegue del codo, como un bebé o un balón de rugby, y le golpeé con los nudillos; le golpeé hasta que los dientes se le rompieron bajo los labios. Después le golpeé con el codo hasta que cayó al suelo como un fardo. Hasta que le perforé la piel de los pómulos y se la dejé amoratada.

Deseaba respirar humo.

Los pájaros y los ciervos son un lujo estúpido; todos los peces deberían flotar muertos.

Deseaba incendiar el Louvre; volver a esculpir las esculturas de Fidias del Partenón con una almádena y limpiarme el culo con la Mona Lisa.

Así es mi mundo hoy en día.

Mi mundo, el mío, y todos los antepasados están muertos.

Fue aquella mañana, durante el desayuno, cuando Tyler inventó el Proyecto Estragos.

Queríamos arrasar la historia y liberar al mundo de ella.

Mientras desayunábamos en la casa de Paper Street, Tyler me dijo que me imaginara plantando rábanos y patatas sobre el césped del hoyo decimoquinto de un campo de golf abandonado.

Cazarás alces en los bosques húmedos del cañón cercano a las ruinas del Rockefeller Center y encontrarás almejas enterradas junto a los cuarenta y cinco grados de inclinación de la Aguja Espacial.

Pintaremos en los rascacielos gigantescas caras totémicas y amuletos antropomórficos con rostros de duendes, y todas las noches, lo que haya quedado de la humanidad se refugiará en los zoos vacíos y se encerrará en las jaulas para protegerse de los osos, pumas y lobos que se pasean de noche mientras les vigilan por entre los barrotes.

—El reciclado y los límites de velocidad son una chorrada —dijo Tyler—. Es como dejar de fumar en el lecho de muerte.

El Proyecto Estragos salvará al mundo. Una glaciación cultural. Una Edad Media provocada. El Proyecto Estragos obligará a la humanidad a hibernar y a entrar en remisión hasta que la Tierra se haya recuperado.

—Justifica la anarquía —dice Tyler—. Imagínatelo.

Igual que el club de lucha hace con oficinistas y leguleyos, el Proyecto Estragos destruirá la civilización para que podamos hacer de la Tierra un mundo mejor.

—Imagínate —dijo Tyler— cazando alces junto a los escaparates de unos grandes almacenes en cuyos pasillos malolientes se pudren en las perchas vestidos y fracs. Llevarás vestiduras de cuero que te durarán toda la vida y escalarás la Sears Tower por enredaderas tan gruesas como tu muñeca. Escalarás la bóveda de un bosque uliginoso donde la atmósfera estará tan limpia que verás figuras diminutas majando maíz y poniendo a secar tiras de carne de venado bajo el sol de agosto en el área de descanso de una autopista abandonada.

Aquél era el objetivo del Proyecto Estragos, dijo Tyler: la destrucción completa e inmediata de la civilización.

El siguiente paso del Proyecto Estragos no lo sabe nadie excepto Tyler. La segunda regla es no hacer preguntas.

—No compréis munición —ordenó Tyler al Comité de Asalto—. Así no os preocuparéis. Sí, mataréis a alguien.

Incendios Provocados. Asaltos. Daños y Desinformación.

Nada de preguntas. Nada de preguntas. Nada de excusas ni mentiras.

La quinta regla del Proyecto Estragos es confiar en Tyler».

El club de la lucha (1996)
[Extracto del libro escrito por Chuck Palahniuk]

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PensadorChuckPalahniuk

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2 comentarios:

Bayo dijo...

Hola:

¡Brutal! Magníficamente bien escrito.

Gocé leyendo este extracto, tanto por su "forma" como por su "fondo". Añadiré este libro a mi lista de libros por leer.

Saludos.

Bayo

Mariana Soffer dijo...

"there wasn't a single period of time that wasn't an epoch of barbarism"