miércoles, 8 de julio de 2009

Las ideas que se intentan imponer no son buenas ni deseables

Los Conjurados de Roma (2007)«El Papa Bonifacio VIII lo había dicho sin medias tintas: "Declaramos, afirmamos, definimos y pronunciamos que es del todo necesario para la salvación que toda criatura humana esté sujeta al Pontífice de Roma". En resumidas cuentas, sólo a través de Cristo era posible eludir el error y el pecado y, tal como repetirían los papas hasta el hartazgo, extra Ecclesiam nulla salus ("no hay salvación fuera de la Iglesia").

Por otra parte, meditaba Jorge en medio de su soledad, el modo en que el cristianismo propagaba sus doctrinas era decididamente imperioso y hasta despótico. Más que un maestro, el Jesús evangélico parecía un general arengando a su tropa. Sus palabras contenían un matiz autoritario ajeno a cualquier forma de tolerancia o discusión racional. En tal sentido, Jorge contraponía la figura de Cristo a la de Sócrates. Al dialogar con sus discípulos, el sabio de Atenas jamás empleaba un tono imperativo; por el contrario, se mostraba siempre amable y sereno, aceptaba de buen grado a quienes lo contradecían, nunca intentaba imponer ninguna de sus ideas y, en las charlas con sus discípulos, siempre reinaba la más exquisita tolerancia. En cambio Jesús, más allá del contenido de sus prédicas, se mostraba infalible, no aceptaba discusión alguna y sus sentencias eran inapelables, amén de atemorizar con castigos eternos a quienes se atrevieran a desoír sus órdenes.

Jorge pensaba que, más allá de los principios que pudiera sostener, toda moral imperativa era condenable en sí misma. Podía ser bueno y deseable amar a Dios, pero no si alguien ordenaba hacerlo. Podía ser loable aceptar y seguir las enseñanzas cristianas, pero no si la Iglesia amenazaba con el infierno a quienes las transgredieran».

Los Conjurados de Roma (2007)
[Extracto del libro escrito por Miguel Betanzos]

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PensadorMiguelBetanzos

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2 comentarios:

Mar-o dijo...

Por eso ha sido tan exitoso el fervor despótico de la fe cristiana, aterrorizando todos los pueblos a lo que ha tenido alcance, (y son muchos), mancillando la humanidad misma.

Claro que hay otras opciones de vida, de pensamiento, que nos son más saludables, más iguales para todos, pero mientras nuestros gobiernos esten amancebados con la iglesia que se cree poseedora de toda solución o "salvación", seguiremos jodidos.

Un saludo.

Minerva dijo...

El miedo es el principal ingrediente de la religión católica, aderezado con la intolerancia y el contubernio de los que detentan el poder tanto económico como de gobierno, resultado: una ensalada de creyentes atemorizados. Un saludo.