miércoles, 6 de enero de 2010

El poder debería ser siempre sólo representación de la voluntad general

Osvaldo Bayer«Desde su perspectiva, ¿cómo define usted los conceptos de poder y de ética?

El poder debería ser siempre sólo representación de la voluntad general. Y entonces allí sí se conjugarían poder y ética como términos que se soportan. Poder sólo es soportable y tal vez aceptable en tanto se rija por aquello de: "la libertad mía termina donde comienza la de mi semejante".

Consenso, sí, pero en tanto ese consenso no avasalle los principios inmanentes e imprescriptibles de la ética: derecho a la vida, a la igualdad, a la libertad, a la justicia.
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Desde una concepción histórico-política, ¿cuáles son los elementos que definen materialmente al poder?

Esencialmente tres: el poder económico, el político y el religioso; estos dos, en general, dependientes del primero. La llamada democracia burguesa, es decir, que se representa a través de partidos políticos, es la que mejor clarifica esto del dominio económico. Por lo general, el ciudadano sólo puede elegir entre dos partidos políticos ninguno de los cuales tiene en su programa la socialización de la economía, sino que se diferencian apenas por distintos modos de conservar el status: republicanos y demócratas en Estados Unidos; conservadores y laboristas en Inglaterra; socialdemócratas y demócratas cristianos en Alemania; socialistas obreros y populares, en España; socialistas y conservadores, en Francia; peronistas y radicales (y ahora aliancistas) en la Argentina. Es decir, entre conservadores y populistas. En el llamado socialismo real, por la falta de democracia interna, se llegaron a conformar sectores que ejercieron el poder sin posibilitar a las bases la discusión ni de ejercer el antiautoritarismo democrático.
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¿Qué es, o cómo se define un intelectual?

El intelectual tiene que ser un hombre esencialmente independiente. Independiente en la creación, independiente en su relación con la sociedad. No por eso creerse dueño de la verdad. Por eso, ante todo, humildad, en el intelectual; darse cuenta de aquello: "sólo sé que no sé nada". Aprender de la sabiduría de la vida popular como de la de los grandes cenáculos de la ciencia y la filosofía. Ser, dentro de la búsqueda de la más profunda sabiduría -que siempre es pesimista-, el más ingenuo de los optimistas, porque sólo el optimismo nos puede guiar hacia el paraíso aunque nunca lo divisemos.

¿Un intelectual es siempre pragmático?, ¿es siempre vanguardia?

El pragmatismo del intelectual debe ser el defender a los más débiles de la sociedad y denunciarlo. Nunca ser bufón del poder de turno ni el siempre adaptado al régimen.

¿Cuál debe ser la función del intelectual frente al poder y frente a un modelo económico de exclusión de grandes mayorías sociales?

El intelectual tiene que ser un constante crítico del poder, debe buscar disminuirlo, ridiculizarlo, demostrar que el único poder que no se equivoca es aquel que no manda, sino escucha.

En relación al modelo económico, no puede ni ignorarlo ni debe apoyarlo. No debe sentirse élite sino que debe ser el que acompaña a las protestas justas de los necesitados y olvidados. Intelectual debe significar pasión por la sabiduría. Es decir, humildad, profundidad, bondad.

¿Cómo cree usted, que se estructuran las relaciones entre sociedad civil e intelectuales?

Las relaciones entre sociedad civil e intelectuales, en la actualidad, no es otra cosa que el distinguir a aquellos que justifican -con mil artilugios- a esa sociedad civil. Los intelectuales aplaudidos y premiados son los que en sí no han puesto nunca en peligro al poder, aunque aparezcan sabios y solitarios. Y más aceptados todavía si son o se hacen los tristes. Hacen el papel de sumos sacerdotes, por eso, algunas veces, amenazan con que va a sonar la hora del escarmiento. Es lo que también pasa en las iglesias, que sirven para posternarse y escuchar una filípica, pero nada más; todos saben que las cosas luego seguirán igual, que serán perdonados y, en sí, justificados para seguir en la misma línea del egoísmo. En la Argentina, los que valen como los grandes intelectuales conocidos jamás sufrieron un minuto de cárcel ni se les prohibió ningún libro ni tuvieron que dejar el país en el exilio. Son especies de sumos sacerdotes cuya presencia sirve para proteger al poder, aunque parezcan seres sufrientes.
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En relación al poderío desplegado por los medios masivos de comunicación, luego del fenómeno de alta concentración de los mismos ¿Cuál debe ser la actitud de un intelectual?

Defender el pluralismo en la dirección de los medios. Los medios, ningún medio, debe pertenecer a empresas privadas. El ejemplo alemán -desde la finalización de la guerra hasta 1983- es un ejemplo terminante a seguir. Todas las radios y la televisión eran de derecho público. Es decir, sus directorios se integraban con representantes de los partidos políticos con representación en el Bundestag, más representantes de organizaciones populares: de las iglesias, de mujeres, barriales, universitarias. Esta especie de parlamento elegía a un director quién se hacía responsable por el equilibrio de la información. En un segundo canal, el directorio estaba integrado por representantes de los distintos gobiernos provinciales, para fomentar el federalismo. Los terceros canales pertenecían a los Estados-provincias y estaban integradas sus direcciones de la misma manera proporcional que el canal nacional. Y esos canales eran por encima de todo, canales culturales. Así no había publicidad y ninguna interrupción en lo que se emitía. Lo mismo con respecto a las radios. Uno realmente gozaba y se instruía con esos canales y no tenía que soportar el lenguaje pérfido y obsceno de la publicidad.

Desgraciadamente, con el advenimiento de Helmut Kohl todo eso se cambió y hoy el dominio es privado, así que uno puede ahogarse en la publicidad más absurda y en la pornografía en los horarios más insólitos. Ahora el gusto y la cultura están en manos de las grandes cadenas de los grandes consorcios. Si bien siguen existiendo los canales de derecho público, se hace casi imposible competir con los privados en cuanto estos se llevan a los mejores trabajadores de la escena televisiva y radial, y además se cae en la concesión de lo más fácil y demagógico para el público. Como digo, el ejemplo alemán en esos años muestra que es posible la organización de los medios de comunicación sobre bases democráticas y no sobre el poder de los intereses particulares».

Osvaldo Bayer
[Extracto de una entrevista de la revista digital de cultura La Tecl@ Eñe de octubre de 2001]

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1 comentarios:

mjt dijo...

Mucho me temo que no tengo capacidad para rebatirle. Es de lo más coherente. Un saludo.