jueves, 30 de agosto de 2012

La mayoría de las personas creen querer y pensar por sí mismas pero no hacen más que reproducir pensamientos y voluntades ajenas

«Considerados desde el punto de vista de su existencia terrestre, es decir, no ficticia, sino real, la masa de los hombres presenta un espectáculo de tal modo degradante, tan melancólicamente pobre de iniciativa, de voluntad y de espíritu, que es preciso estar dotado verdaderamente de una gran capacidad de ilusionarse para encontrar en ellos un alma inmortal y la sombra de un libre arbitrio cualquiera. Se presentan a nosotros como seres absoluta y fatalmente determinados: determinados ante todo por la naturaleza exterior, por la configuración del suelo y por todas las condiciones materiales de su existencia; determinados por las innumerables relaciones políticas, religiosas y sociales, por los hábitos, las costumbres, las leyes, por todo un mundo de prejuicios o de pensamientos elaborados lentamente por los siglos pasados, y que se encuentran al nacer a la vida en sociedad, de la cual ellos no fueron jamás los creadores, sino los productos, primero, y más tarde los instrumentos. Sobre mil hombres apenas se encontrará uno del que se pueda decir, desde un punto de vista no absoluto, sino solamente relativo, que quiere y que piensa por sí mismo. La inmensa mayoría de los individuos humanos, no solamente en las masas ignorantes, sino también en las clases privilegiadas, no quieren y no piensan más que lo que todo el mundo quiere y piensa a su alrededor; creen sin duda querer y pensar por sí mismos, pero no hacen más que reproducir servilmente, rutinariamente, con modificaciones por completo imperceptibles y nulas, los pensamientos y las voluntades ajenas. Esa servilidad, esa rutina, fuentes inagotables de la trivialidad, esa ausencia de rebelión en la voluntad de iniciativa, en el pensamiento de los individuos son las causas principales de la lentitud desoladora del desenvolvimiento histórico de la humanidad. A nosotros, materialistas o realistas, que no creemos ni en la inmortalidad del alma ni en el libre arbitrio, esa lentitud, por afligente que sea, se nos aparece como un hecho natural. Partiendo del estado de gorila, el hombre no llega sino dificultosamente a la conciencia de su humanidad y a la realización de su libertad. Ante todo no puede tener ni esa conciencia, ni esa libertad; nace animal feroz y esclavo, y no se humaniza y no se emancipa progresivamente más que en el seno de la sociedad, que es necesariamente anterior al nacimiento de su pensamiento, de su palabra y de su voluntad; y no puede hacerlo más que por los esfuerzos colectivos de todos los miembros pasados y presentes de esa sociedad, que es, por consiguiente, la base y el punto de partida natural de su humana existencia. Resulta de ahí que el hombre no realiza su libertad individual o bien su personalidad más que completándose con todos los individuos que lo rodean, y sólo gracias al trabajo y al poder colectivo de la sociedad, al margen de la cual, de todos los animales feroces que existen sobre la tierra, permanecería siempre él, sin duda el más estúpido y el más miserable. En el sistema de los materialistas, el único natural y lógico, la sociedad, lejos de aminorarla y de limitarla, crea, al contrario, la libertad de los individuos humanos. Es la raíz, el árbol, y la libertad es su fruto. Por consiguiente, en cada época el hombre debe buscar su libertad, no al principio, sino al fin de la historia, y se puede decir que la emancipación real y completa de cada individuo humano es el verdadero, el gran objeto, el fin supremo de la historia».

Dios y el Estado (1882)
[Extracto del libro escrito por Mijaíl Bakunin]

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PensadorMijaílBakunin

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4 comentarios:

Mikel-Miguel dijo...

Qué texto tan acertado:

"Sobre mil hombres apenas se encontrará uno del que se pueda decir, desde un punto de vista no absoluto, sino solamente relativo, que quiere y que piensa por sí mismo. La inmensa mayoría de los individuos humanos, no solamente en las masas ignorantes, sino también en las clases privilegiadas, no quieren y no piensan más que lo que todo el mundo quiere y piensa a su alrededor"

Tan real como la vida misma.

AKELARRE dijo...

Es así, y cada vez más, ya que los medios "informativos" nos manipulan hacias los intereses de los que ostentan ese poder.

Vicent dijo...

Hay un libro de un psicoanalista llamado Miquel Bassols, catalán que se llama "Tu Yo no es tuyo" que trata exactamente sobre esto, la verdad es que nuestro Yo lo confeccionamos con el inconsciente colectivo, con el Gran Otro o sentimiento de nuestra comunidad y finalmente con el de nuestro mundo.
Pero hay un resto en el que entramos nosotros, una huella o impronta que proviene de nuestra individualidad, de nosotros mismos como seres iguales pero diferentes unos de otros, valga la contradicción, y esta huella o impronta viene de la conquista de respuestas vitales a nuestras vidas, las que no hemos leído ni vivido sino que nos vienen de ¿Dios? ¿el inconsciente colectivo? de nuestro ¿cuerpo? Cada uno puede darle un origen diferente y millonario en sus orígenes diferentes, pero nos distingue a unos de los otros, si bien siempre hay quien se mimetiza mejor con su entorno por miedo a pensar diferente o a destacar o a quedarse atrás.

Bien, un saludo desde València en España de:

Vicent

Drawing Dreams dijo...

Estamos encarcelados mentalmente en una sociedad casi robotica, que reproduce todo lo que hace la masa.