martes, 2 de octubre de 2012

La misión de la ciencia es esclarecer la vida

«La idea general es siempre una abstracción y por eso mismo, en cierto modo, una negación de la vida real. En mi escrito Consideraciones filosóficas he comprobado esta propiedad del pensamiento humano, y por consiguiente también de la ciencia, de no poder aprehender y nombrar en los hechos reales más que un sentido general, sus relaciones generales, sus leyes generales; en una palabra, lo que es permanente en sus transformaciones continuas, pero jamás su aspecto material, individual, y, por decirlo así, palpitante de realidad y de vida, pero por eso mismo fugitivo, no la realidad misma; el pensamiento de la vida, no la vida. He ahí su límite, el único límite verdaderamente infranqueable para ella, porque está fundado sobre la naturaleza misma del pensamiento humano, que es el único órgano de la ciencia.

Sobre esta naturaleza se fundan tres derechos incontestables y la gran misión de la ciencia, pero también su impotencia vital y su acción malhechora siempre que, por sus representantes oficiales, patentados, se atribuye el derecho de gobernar la vida. La misión de la ciencia es ésta: al constatar las relaciones generales inherentes al desenvolvimiento de los fenómenos tanto del mundo físico como del mundo social, planta, por decirlo así, los jalones inmutables de la marcha progresiva de la humanidad, indicando a los hombres las condiciones generales cuya observación rigurosa es necesaria y cuya ignorancia u olvido serán siempre fatales. En una palabra, la ciencia es la brújula de la vida, pero no es la vida. La ciencia es inmutable, impersonal, general, abstracta, insensible, como las leyes de que no es más que la reproducción ideal, reflexiva o mental, es decir cerebral (para recordarnos que la ciencia misma no es más que un producto material de un órgano material, de la organización material del hombre, del cerebro). La vida es fugitiva, pasajera, pero también palpitante de realidad y de individualidad, de sensibilidad, de sufrimientos, de alegrías, de aspiraciones, de necesidades y de pasiones. Es ella la que espontáneamente crea las cosas y todos los seres reales. La ciencia no crea nada, constata y reconoce solamente las creaciones de la vida. Y siempre que los hombres de ciencia, saliendo de su mundo abstracto, se mezclan a la creación viviente en el mundo real, todo lo que proponen o lo que crean es pobre, ridículamente abstracto, privado de sangre y de vida, muerto nato, semejante al homunculus creado por Wagner, el discípulo pedante del inmortal doctor Fausto. Resulta de ello que la ciencia tiene por misión única esclarecer la vida, no la de gobernarla».

Dios y el Estado (1882)
[Extracto del libro escrito por Mijaíl Bakunin]

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PensadorMijaílBakunin

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1 comentarios:

Vicent dijo...

Sin embargo después de la alianza entre el discurso capitalista y el científico o universitario (hay básicamente cinco discursos por los que transita el ser humano, el histérico, el universitario, el del amo, el capitalista y el del analista, a parte de varios más residuales como el religioso)vendrá la unión, o la alianza entre el discurso universitario y el del amo, creando el nuevo amo científico al que habrá que ponerle límites, no es lo mismo ni se está tan legitimado ni se estará cuando decíamos: _El señorito nos explota y no nos da de comer.
que cuando diremos: _Yo no quiero hacer esto que dice el médico aunque me haya de morir porque ya me toca y lo sé.
Y habrá que imponer la democracia en ese discurso amo-ciencia, que nos viene indefectiblemente, o ese o el fin y apocalipsis.
Así gracias a la ciencia crearemos hombres que para dirimir una batalla o un conflicto, la "falta" en todo sistema, sólo habrán de jugar una partida de ajedrez o medir sus colas como los pavos en una danza simbólica.
Este es el futuro que yo veo y en el que entra la contestación para incluír en la futura alianza ciencia-amo la democracia.

Un abrazo desde España de

Vicent