martes, 23 de octubre de 2012

Política de circo

Artículo publicado en la comunidad El Quinto Poder, 23/10/2012. Título original: "La política chilena se asemeja mucho a un tipo peculiar de circo".

Bayo"Que me perdonen los amigos circenses por lo que voy a hacer pero voy a describir la política chilena a través del espectáculo que a ellos los reúne: el circo. No es que le encuentre algo malo a los circos en general —a los que usan animales, definitivamente, sí los encuentro malos—, pero lo voy a hacer porque considero que la política chilena se asemeja mucho a un tipo peculiar de circo. Se asemeja a uno lleno de payasos fomes, repetidos y ajenos al público, donde todos los números artísticos ejecutados en él están a cargo de estos personajes de vestimentas, maquillaje y pelucas llamativas, los que supuestamente deberían hacer reír y que hace harto rato que no hacen reír a nadie. Al contrario, ¡hacen llorar! ¨Para empeorar las cosas, además de ser fomes, en escena se ven siempre los mismos. En algunas ocasiones dejan de aparecer algunos de ellos, pero al final siempre vuelven a aparecer. De yapa, confeccionan rutinas sin considerar lo que realmente hace reír a la gente y sin el objetivo de hacerla participar, trayendo como consecuencia inevitable la apatía total de la concurrencia.

Con el tiempo nos hemos ido acostumbrando a ser parte de ese público falto de interés y nos hemos ido olvidando de algunas cosas, como que al circo se va a pasarlo bien y que en los verdaderos circos —los que merecen ser llamados así— debería existir una gran variedad de números artísticos. ¿Dónde quedaron los acróbatas? ¿Los magos? ¿Los tragafuegos? ¿Los contorsionistas? En el patético espectáculo que tenemos frente solo podemos ver payasos y estos se encargan de todos los números artísticos. Eso sí, no lo hacen todo tan mal. Son tan rimbombantes a la hora de gastar bromas, hacer piruetas y contar chistes, que terminan por apartar nuestra atención de lo lamentables que son.

Súmenle a esto que se toman bastante en serio el trabajo y podemos ver todos los tipos de payasos que hay. Podemos ver a los elegantes y maliciosos clown; a los que se dedican a desbaratar las iniciativas de estos, los traviesos augustos y los torpes contraugustos; y a los simpáticos y bobalicones tonys, ¿A que no se les pasaron varios nombres de políticos por la cabeza? ¡Si tienen hasta casi las mismas características!

Pero no está todo perdido. Pese a que los auténticos dueños del circo nos han hecho creer por mucho tiempo que no hay más payasos y que no hay otros tipos de artistas, eso no es así. No me cabe duda de que les conviene que creamos eso, mientras, tras bambalinas, disfrutan cómodamente de los jugosos beneficios del negocio. Sin embargo, tampoco me cabe duda de la existencia de montones de otros payasos, infinitamente más divertidos, y de otros tipos de artistas, que volverían a subirle el pelo al circo. Pero, ¿dónde están? Están más cerca de lo que uno cree, aunque son muy difíciles de identificar, principalmente porque casi nunca los vemos en el medio más importante que utilizan los dueños del circo para difundir el espectáculo: la televisión (cuando logran aparecer, los de la televisión no vacilan en dejarnos claro que las posibilidades que tienen de llegar a formar parte del circo son muy bajas, por no decir nulas). Hay que buscarlos en otro lado. Esos sí que son hábiles".

Fuente: Política de circo

Bayo
(Serie de artículos: El ciudadano anarquista)

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miércoles, 10 de octubre de 2012

Encuesta: ¿Qué le responderías a un niño menor de 5 años si te pregunta sobre la existencia de Dios?

Señala qué le responderías a un niño menor de 5 años si te pregunta sobre la existencia de Dios. Considera que ese niño es tu hijo.

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martes, 2 de octubre de 2012

La misión de la ciencia es esclarecer la vida

«La idea general es siempre una abstracción y por eso mismo, en cierto modo, una negación de la vida real. En mi escrito Consideraciones filosóficas he comprobado esta propiedad del pensamiento humano, y por consiguiente también de la ciencia, de no poder aprehender y nombrar en los hechos reales más que un sentido general, sus relaciones generales, sus leyes generales; en una palabra, lo que es permanente en sus transformaciones continuas, pero jamás su aspecto material, individual, y, por decirlo así, palpitante de realidad y de vida, pero por eso mismo fugitivo, no la realidad misma; el pensamiento de la vida, no la vida. He ahí su límite, el único límite verdaderamente infranqueable para ella, porque está fundado sobre la naturaleza misma del pensamiento humano, que es el único órgano de la ciencia.

Sobre esta naturaleza se fundan tres derechos incontestables y la gran misión de la ciencia, pero también su impotencia vital y su acción malhechora siempre que, por sus representantes oficiales, patentados, se atribuye el derecho de gobernar la vida. La misión de la ciencia es ésta: al constatar las relaciones generales inherentes al desenvolvimiento de los fenómenos tanto del mundo físico como del mundo social, planta, por decirlo así, los jalones inmutables de la marcha progresiva de la humanidad, indicando a los hombres las condiciones generales cuya observación rigurosa es necesaria y cuya ignorancia u olvido serán siempre fatales. En una palabra, la ciencia es la brújula de la vida, pero no es la vida. La ciencia es inmutable, impersonal, general, abstracta, insensible, como las leyes de que no es más que la reproducción ideal, reflexiva o mental, es decir cerebral (para recordarnos que la ciencia misma no es más que un producto material de un órgano material, de la organización material del hombre, del cerebro). La vida es fugitiva, pasajera, pero también palpitante de realidad y de individualidad, de sensibilidad, de sufrimientos, de alegrías, de aspiraciones, de necesidades y de pasiones. Es ella la que espontáneamente crea las cosas y todos los seres reales. La ciencia no crea nada, constata y reconoce solamente las creaciones de la vida. Y siempre que los hombres de ciencia, saliendo de su mundo abstracto, se mezclan a la creación viviente en el mundo real, todo lo que proponen o lo que crean es pobre, ridículamente abstracto, privado de sangre y de vida, muerto nato, semejante al homunculus creado por Wagner, el discípulo pedante del inmortal doctor Fausto. Resulta de ello que la ciencia tiene por misión única esclarecer la vida, no la de gobernarla».

Dios y el Estado (1882)
[Extracto del libro escrito por Mijaíl Bakunin]

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PensadorMijaílBakunin