lunes, 7 de enero de 2013

Las instituciones educativas no deberían inculcar el éxito como fin

«Desde el primer día que pisé este colegio, sentí como todos los dardos y las acciones van dirigidas a un solo objetivo: el éxito. El éxito no como un instrumento para un fin mayor y más noble (la felicidad, por ejemplo). Sino como la meta final de la vida. Un éxito aparente eso sí, un éxito centrado sólo en lo económico: ser puntaje nacional, estudiar una carrera tradicional, casarse, escalar lo más alto posible en la empresa, comprarse una camioneta para pegarle la insignia del instituto en el parabrisas. Como dirían los Fabulosos Cadillacs: “En la escuela nos enseñan a memorizar: fecha de batallas pero que poco nos enseñan de amor”. Amor a lo que hacemos, amor al prójimo, amor a la clase o incluso a la humanidad. No, nada de eso. Sólo buenos puntajes para el día de mañana comprarse la camioneta 4x4.

Frases como esas son las que forman el carácter del general del alumno Institutano: petulante, soberbio, chovinista y exitista. Personalmente, no es ningún orgullo ser el colegio más odiado de los “emblemáticos” (y no me trago el cuento que nos decían los profesores que es porque somos los más inteligentes o los con mejores pololas) es porque de una u otra manera de verdad creemos que nosotros no nos equivocamos: porque somos Institutanos.

En este colegio desde que entramos, se nos ha inculcado el valor de la competencia y la discriminación. Las evaluaciones tienen que ser individuales. Para que así, la satisfacción del que se sacó un siete, sea personal. De él solo. Sin embargo en la vida: ¿Qué actividad se puede desempeñar solo? Ninguna. Nos educan en una burbuja idílica.

Cuando miro hacia atrás, pienso: ¿Qué valores aprendí en este colegio? Si todos hemos sido testigos de horrorosas frases estilo: “corran como hombres, no como maricones” “asuman sus consecuencias como machitos” “al colegio se viene solamente a estudiar” o “dejen la población en la casa” ¿Son acaso estas frases las que corresponden a un colegio que se jacta de estar forjado sobre los valores de la ilustración? No lo creo. Apropósito de los mismo, yo personalmente no he sido testigo, y tengo la impresión que es una conducta que va en retirada, pero hasta hace sólo un par de años, era común ver a un respetado y sacralizado profesor de este colegio, echando alumnos de la sala por negro. O suspendiendo aleatoriamente (Hacía formarse a un curso y decía: un, dos, tres: suspendido. Un, dos, tres: suspendido) sólo para demostrar su hipotético poder en este colegio. Ahora bien, de lo que sí he sido testigo, es de tratos abiertamente homofóbicos por parte de profesores hacia compañeros homosexuales: “Este colegio por gente como ustedes está como está, váyanse” y, en la misma línea he sido testigo de de profesores pegándole a compañeros (no combos ni patadas, pero sí empujones)».

Benjamín González
[Extracto de su discurso de Graduación 2012 de cuartos medios del Instituto Nacional]

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1 comentarios:

Vicent dijo...

Yo creo que en la educación primaria sobre todo habría de hacerse incapié en el conócete a ti mismo, puesto que hay básicamente dos tipos de saber o de inteligencia, la contemplativa, la de los individuos que están más a menudo en el discurso histérico, del analista o universitario, que son los que tienen una relación con el saber directa, necesitan saber por ellos mismos, son los típicos científicos, filósofos, teólogos, sabios de todo tipo, poetas, escritores, etc. y la práctica, que es la de los individuos que están la mayor parte del tiempo en el discurso capitalista o del amo, es una inteligencia en que la relación con el saber es indirecta, es decir, necesitan valerse de otro, con dinero en el primer caso o con saber o dinero en el segundo, aunque hay un sinfín de gamas con las que crear con su utilización, he dicho crear, o hacer carrera, es la de los capitalistas, financieros, políticos, emprendedores, etc. El éxito entra dentro del segundo tipo de saber, y no es malo, pero en la persona equivocada puede ser nefasto, destructivo, como todo lo existente si no se da en el lugar y la cantidad justa.

Un abrazo y Feliz Año 2013 desde València.

Vicent